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20 años soñando juntos
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ESPÍAS EN APUROS

Aterrizaron en un autobús, eran niños y niñas de todas las edades. Unos cargaban con los sacos de dormir, otros con varios macutos. Unos ayudaban a cargar el material y otros se conseguían escaquear de su labor. Alguno todavía llevaba pegada la cara de sueño propia de haber ido durmiendo durante el viaje. Pero entre todos, como una colonia de hormigas, fueron depositando sus pertenencias en el que sería su hogar durante 3 noches y 4 días. El tiempo, desde luego, les acompañaba, con un sol radiante y sonriente.

Llegaron siendo todo unos novatos, unos inexpertos con pocos o nulos conocimientos sobre el espionaje. Tenían un poco cara de lechuga, y no sabían dónde estaba el norte ni el sur. Se les veía un poco perdidos, y para un agente secreto, aquello podía resultar fatal.

Creíamos que no lo lograrían, pero lo cierto es que en poco tiempo se fueron convirtiendo en verdaderos espías profesionales. En poco tiempo, consiguieron resolver los sudokus más difíciles, los códigos más indescifrables y los enigmas más enigmáticos. Aprendieron a manejar una brújula, a detener a infiltrados canarios y a encontrar todo tipo de objetos camuflados y escondidos. Desmantelaron los casos de asesinatos más difíciles. Por si fuera poco, superaron pruebas de inteligencia, juego en equipo, estrategia, agilidad… e incluso una conocida por todos… La Oca.

Sin embargo, al final del campamento nos dio la sensación de que habían aprendido algo que distaba mucho del espionaje. Llevaban en la cara una sonrisa que nos decía que, una de dos: o la misión había sido muy fácil, o se lo habían pasado genial.

Vamos a decir que seguramente fue una mezcla, pero desde luego nos contagiaron su alegría, y todos juntos felices, porque habíamos comido la noche anterior regalices, regresamos a Pinto.

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